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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

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miércoles, 7 de diciembre de 2016

REENCUENTRO.

4.- TÉMPANOS ETÉREOS

En cuestión de minutos se quedó dormido. Ni siquiera había programado el despertador, al día siguiente no le esperaba ningún asunto que atender, aún le quedaban cuatro días de vacaciones.
Sin embargo, se despertó de madrugada con el edredón tirado por el suelo y la boca completamente seca. Se levantó y se sirvió una taza de café frío, vio que el termómetro de la calle marcaba un grado y sin embargo, él tenía calor. Se quitó la parte de arriba del pijama que estaba empapada en sudor y la metió en la lavadora. Se sentó en su cocina, estaba desvelado del todo. Había soñado de nuevo con Ane y recordaba la escena con nitidez.



Se encontraba en el paisaje del cuadro que había soñado la noche anterior. Tenía de frente el estanque de agua verde y veía las mariposas revolotear. Se agachaba y mojaba sus manos. Al incorporarse, una voz le llamaba y él se giraba hacia atrás. Ane le miraba, apoyada en el tronco de un sauce y le hacía el gesto de que se aproximara. Jon echó a andar. Esta vez llevaba el pelo suelto sobre los hombros y vestía un camisón. Parecía rodearle un halo blanquecino y ondeante. Fue hasta ella pero no se acercó demasiado.

—Jon, ¿estás bien?
—No lo sé.

Entonces Ane le tendía la mano y sonreía. El recordaba la sensación de frío intenso de la última vez y no se la cogió, por lo que ella cambiaba la sonrisa por una mueca de disgusto.

—Ane, ¿por qué estás en mis sueños?—le preguntaba.

Ella se sentaba en la hierba y tardaba en contestar.

—No lo sé, Jon. Sólo atino a recordar unos rostros envueltos en una niebla espesa y algunas voces que me llaman. Luego todo eso desaparece y distingo perfectamente tu silueta. La otra vez, en aquella plaza y ahora en este estanque —explicaba y señalando sus manos añadía—están heladas.

Jon no sabía qué decir y se sentó a su lado. Se sentía tan perdido como ella. “¿Qué hacían ellos dos allí?” se preguntaba él. La miraba y ella le miraba a él.

—¿Sabes que han pasado veinte años desde la última vez que nos vimos? —le preguntaba Jon.
—Estábamos en Gorliz, en las fiestas, eso si lo recuerdo, como si fuera ayer.
—Fue divertido.
—Si, recuerdo a un amigo tuyo, Karlos contaba unos chistes muy malos pero tenían gracia en boca de él, conseguía que me doliera el estómago de tanto reírme. Mi amiga Aroa decía que estaba perdiendo dinero como humorista.

—Me acuerdo que pensé cuando te vi con aquellas chicas, que tú no pegabas nada con ellas—le decía Jon.
—No sólo lo pensaste, también me lo dijiste, algo así como: ¿qué haces con éstas?

Jon se reía, sabía lo que venía después de aquella curiosa pregunta y se adelantaba a ella:

—Tú me contestaste simplemente que por qué no íbamos tú y yo a dar una vuelta.
—Sí, la verdad que fui muy atrevida pero no me arrepentí de ello.

Ane le miraba y de nuevo sonreía, Jon imaginaba que estaba pensando lo mismo que él. Aquella vuelta había durado muy poco, enseguida se habían parado y apoyados en un coche habían empezado a besarse.
Esa imagen hizo que Jon, en ese momento, le tendiera su mano con precaución, temiendo su propia reacción al contacto de la de ella. Se tomaron de la mano y se sorprendió de que esta vez no le quemara, sólo la notó fría.

—Yo tampoco me arrepentí de aquella mini vuelta. Tampoco entiendo qué significa todo esto pero de pronto me siento a gusto.

Ane se acercó un poco más él agarrada de su mano.

—Yo también, Jon. Ahora mismo, me siento un poco menos perdida. No te vayas.

Reconoció un creciente calor le recorría de arriba a abajo ante la proximidad de ella y como si de una fuerza magnética se tratase, su boca se pegó sin remedio en la de ella. Se entregó con ganas a aquellos labios que sentía como témpanos cercanos y a la vez etéreos, confusos.





Al separarse ella, que tenía los ojos cerrados, le decía:

—Tan maravilloso como entonces, Jon.

A él le había parecido lo mismo pero cuando iba a repetirlo, él se despertaba.

Ahora se encontraba en su cocina, de madrugada y aturdido. El sueño parecía tan real, Ane, el lugar, el beso frío y sin embargo ardiente, que se sorprendió pensando que sólo era un jodido sueño y que por culpa de el, de pronto necesitaba volver a verla.

—No tengo ni puta idea de cómo encontrarte, Ane—dijo en voz alta agarrándose de la cabeza.


Ahora si que estaba desconcertado y más de lo que había sentido en el sueño. Era paradójico, porque a pesar de esa desazón, tenía la certeza de haberse reencontrado con una parte de él que había estado perdida durante mucho tiempo.


Continuará...


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