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#ProyectoAcércate,Briseida: La historia en papel.

La espera ha terminado. El final y el libro completo ya están disponibles en Amazon, no os entretengo, os dejo los enlaces a ...

viernes, 6 de enero de 2017

REENCUENTRO.

Último Capítulo

10.- SEGUNDO ESTRIBILLO



Se despertó temprano y aún sentía todo el cuerpo dolorido del accidente. Se levantó poco a poco, le pareció que una punzada enorme le recorría de pies a cabeza pero sólo podía pensar en ir a la exposición de Ane y saber su paradero. “¿Y si está muerta?” se preguntó y al segundo, se quitó ese fatal augurio. “No está muerta, joder, si hemos estado en un un sueño los dos y yo estoy vivo, ella también tiene que estarlo” razonó convenciéndose a sí mismo.
Fue al baño a ducharse, se tocó el mentón y se miró en el espejo, también tenía que afeitarse. Descubrió un pequeño hematoma en el pómulo derecho, consecuencia del golpe contra el airbag. Después de asearse y vestirse, se tomó un café con leche y salió de casa en dirección a la parada del metro para ir a Bilbao.
El transporte iba repleto de personas. Jon se agobió con los empujones, codazos y estar tan juntos los unos con los otros. Al salir de allí, suspiró profundo. Aliviado se dirigió hasta su destino, más lento de lo que él hubiera querido pero su cuerpo no estaba para trotar. Cuando llegó a la puerta de la exposición la encontró cerrada. Miró el reloj del móvil, aún faltaban quince minutos para las diez. Miró de nuevo al cuadro del escaparate, él había estado allí en sus sueños con Ane, sintió un agradable cosquilleo en la boca del estómago al recordarlo. Por el rabillo del ojo vio que alguien se acercaba a la entrada. Se giró, era la chica de la exposición.

—Buenos días, no sé si te acordarás de mí —dijo Jon.

Ella le miró por unos segundos y enseguida respondió:

—Ah, sí, sí. Buenos días. ¿Vas a ver otra vez las pinturas?
—No, bueno, es que quería hablarte de algo personal.
—No sé si podré contestarte... —dijo ella con un leve sonrojo en las mejillas.
—No me entiendas mal, déjame que te explique. Me gustaría saber cómo puedo contactar con Ane.
—Creo que eso no es posible, no soy quién para darte su número de teléfono ni dirección.
—Lo sé, pero es que necesito verla, hablar con ella, aunque sólo sea una vez. Ya te dije que nos conocimos hace muchos años.

La chica negaba con la cabeza.

—Te lo pido por favor.

Ella le miró y dijo:

—Lo único que puedo hacer por ti es informarte que mañana sábado por la tarde hay organizada una pequeña fiesta aquí mismo en la exposición, en la que ella estará presente.
—Es la víspera de Reyes...
—Sí, es como te puedo ayudar.
—No sabes cómo te lo agradezco, aquí estaré, no lo dudes —dijo con una amplia sonrisa y apretándole un brazo a la chica—¿a qué hora es el evento?
—A partir de las seis de la tarde hasta las once —contestó sonrojándose de nuevo y diciendo que debía ir abriendo ya.

Jon se despidió y se dio media vuelta. Pensó que faltaba poco más de un día para verla en carne y hueso, estaba viva. Sintió que se quitaba una terrible mochila de piedras de encima, notó un subidón de adrenalina por todo el cuerpo. Hasta los dolores parecían haberse atenuado con la buena noticia. De repente, se dio cuenta que iba a reencontrarse con ella. “¿Y si no quería hablarle?” se preguntó. Se dijo que debía contarle todo e intentar desentrañar el significado de aquellos sueños. “Lo haré porque no puedo vivir con esto sin descubrir lo que esconde, de mañana no pasa” y regresó a casa a descansar y prepararse mentalmente para lo que ocurriría al día siguiente.


***

La tarde de víspera de Reyes había lucido unos tímidos rayos de sol pero al oscurecer, la temperatura en la calle había bajado a cuatro grados. Jon caminaba deprisa para entrar en calor, el cuerpo parecía haberle dado una tregua y se sentía muy enérgico. Cuando llegó a la exposición el reloj marcaba las seis y diez. Le había costado llegar por la cantidad de personas que andaban por la Gran Vía, de paseo y ultimando las compras de regalos de Reyes. Antes de entrar al lugar, observó su reflejo en el escaparate. Se dio el visto bueno, llevaba unos vaqueros desgastados, una camiseta negra y una camisa vaquera por encima, debajo de la cazadora tres cuartos caqui. El hematoma aún seguía pero no le dio importancia. Se dijo que había pasado mucho tiempo, pero le reconocería, estaba seguro. Con paso decidido entró. El sitio estaba concurrido, sonaba la canción Rude del grupo Magic de fondo:

Saturday morning jumped out of bed  
And put on my best suit 
Got in my car and raced like a jet 
All the way to you 
Knocked on your door with heart in my hand 
To ask you a question 
Because I know that you're an old fashioned man 
Can I have your daughter for the rest of my life? 
Say yes, say yes, because I need to know (1)


Miró un poco a su alrededor y encontró unos pasos más adelante a la chica de la recepción. Esta le saludó y le tomó la cazadora para guardarla. Luego le dijo que tomara una copa de champán. Cuando Jon fue a preguntarle por Ane, ella se había dado la vuelta.
El con su bebida se movió un poco entre la gente buscándola. Por fin la vio. Se estremeció. Hablaba con un grupo de personas y sonreía abiertamente. Estaba preciosa e intentó acercarse más hasta ella pero sin que le viera aún. La contempló durante un rato. Llevaba un vestido largo negro y el pelo recogido, a pesar de los años trascurridos tenía casi el mismo aspecto que cuando se conocieron. Pensó que era, simple y naturalmente, bella.
Sus ojos se cruzaron y Jon la miró a la expectativa y ella le sonrió vacilante. En ese momento, entre el bullicio de aquella gente y aquel lugar, Jon comprendió que había encontrado el sosiego en esa sonrisa. Al cabo de unos momentos, él se acercó a ella sin prisa y cuando llegó dijo un “hola, de nuevo”. Ane se despidió de los que le acompañaban y le sonrió en silencio mirándole. Jon se acercó a darle un beso en la mejilla:

—¿Qué tal estás?
—Jon, cuánto tiempo...
—Demasiado, Ane.
—Tengo que contarte algo.
—Y yo a ti, no sé si lo creerás...

Ella le cogió de la mano y le llevó entre la gente hacia el fondo de la sala que tenía una puerta y la abrió. Entraron a un pequeño despacho con toque minimalista, en un rincón había un sofá biplaza y le invitó a sentarse. Por unos momentos se miraron sin hablar. Luego Ane tomó la palabra:

—He organizado esta fiesta para celebrar que he vuelto a la vida, Jon.

El la miró sin pestañear y en silencio la escuchó:

—He estado en coma una semana, una noche me sentí muy mal, me dolía mucho la cabeza, tenía el estómago revuelto, menos mal que llamé a mi madre porque poco después perdí el conocimiento y por lo que me han contado entré en coma.
—¿Por qué te pasó eso? ¿Qué te han dicho los médicos?
—Ni ellos mismos lo saben. Me han explicado que de pronto el cerebro empezó a dejar de funcionar y me mantuvieron en vida cómo pudieron hasta que de forma milagrosa volví del coma. Tres veces parecía que iba a morir pero en la última ocasión abrí los ojos. Dicen que no encuentran una explicación razonable...
—Yo he empezado a creer en los sucesos mágicos últimamente.

Ella le sonrió y siguió hablando:

—Lo que te voy a decir a continuación te va a sonar muy raro pero te prometo que es la verdad, ¿sabes que durante el coma he estado contigo Jon?
—¿Por qué crees que estoy aquí hoy, Ane? Por eso mismo, por nuestros encuentros ¿en otra dimensión? Pensaba que me ibas a tomar por un puto loco...
—Entonces es verdad... Ayer en el hospital no podía quitarme esas imágenes de la cabeza y me preguntaba por qué, por qué...
—No puedo creer que habiendo estado en coma ayer mismo, estés hoy tan bien, tan sana.
—El doctor no quería darme el alta pero yo la pedí. Enseguida mandé a mi asistente, Mónica que organizara esta fiesta, ¿por qué no? He vuelto a la vida y eso es impresionante. Tenía que celebrarlo.
—Por momentos creí que eras un fantasma, tuve tanto miedo...

Se quedaron callados mirándose y Jon no pudo resistir la tentación de tenerla tan cerca y no besarle. Ella se dejó y él lo hizo con toda la pasión que había ido acumulando gracias a los sueños.

—Tienes el mismo sabor que en esa realidad en la que estuvimos, Jon —le susurró ella cuando se separaron.
—No entiendo muy bien por qué ha ocurrido esto pero me alegro porque he descubierto que estar contigo es lo que más quiero.
—Llevo toda la noche dándole vueltas a esos sueños, al estado en que me encontraba, tratando de aclarar mis pensamientos y recuerdos. ¿Te acuerdas que te dije en el último encuentro que si estaba muerta tú eras lo que quería llevarme a la otra vida? Creo que mi yo de verdad, el no físico por decirlo de algún modo, no quería que me fuese sin buscarte de nuevo, sin decirte lo que sentía por ti.
—No entiendo del todo lo que me dices...
—Creo que debes saber que yo nunca te olvidé desde aquella vez que nos conocimos en Gorliz y mira qué ha pasado tiempo pero me marcaste, sentí que habíamos conectado. Aunque ya ví que tú no opinabas igual.
—Fui un gilipollas, creía que había mucha vida por delante y experiencias pero ahora siento que te pertenezco y si lo pienso bien, siempre lo he hecho porque me buscaste y me encontraste. Soy tuyo Ane.

Se fundieron en un abrazo y volvieron a besarse hasta que Ane se separó de él un poco y le dijo que salieran de nuevo a la fiesta.

—Cuando acabe, tenemos toda la noche por delante, Jon. La gente andará preguntando si me ha pasado algo —dijo levantándose del sofá y tirando de la mano de él.

Cuando volvieron al bullicio, sonaba la canción Stay de Rihanna. Ane le echó los brazos al cuello y le pidió bailarla. Jon aceptó y se unieron a otras parejas que hacían lo propio. La letra de la música les envolvió:

Not really sure how to feel about it
Something in the way you move 
Makes me feel like I can't live without you 
And it takes me all the way 
I want you to stay (2)

Jon la estrechó entre sus brazos y le dijo al oído:

—Vayamos a por el segundo estribillo de nuestra canción, ya sabemos la melodía, sólo hay que escribir más letras.

Ella le miró y con un sí entre los labios se agarró aún más fuerte a él que no podía creer que la mejor historia de su vida había sido cosa de fantasmas.

 FIN



(1)Sábado por la mañana, salté de la cama
y me puse mi mejor traje.
Me metí en mi coche y corrí como un jet
todo el camino hasta que
llamé a su puerta con el corazón en la mano
para hacerle una pregunta.
Porque sé que eres un hombre pasado de moda
¿Puedo tener a su hija por el resto de mi vida?
Diga que sí , que sí, porque necesito saberlo.

(2) No estoy segura realmente de cómo sentirme,
hay algo en la forma que te mueves,
que me hace sentir que no puedo vivir sin ti,
y me lleva hasta el final,
quiero que te quedes.

Y la historia ha llegado a su desenlace, colorín colorado...
Espero que la hayas disfrutado, vivido y te hayas emocionado porque es de lo que se trata cuando lees.
Si te apetece tenerla en papel tienes el libro disponible en este enlace: REENCUENTRO
Gracias por tu confianza :)
Larrú.

miércoles, 4 de enero de 2017

REENCUENTRO.

9.- EL JURAMENTO





Llegaron al hospital, le hicieron las pruebas pertinentes para asegurarse que no había sufrido ninguna lesión interna. Le dejaron en un box hasta que tuvieron el último resultado de una resonancia realizada. Una enfermera se le acercó y le preguntó si quería que llamara a algún familiar. Jon contestó que no. Pensó que podía llamar a su hermana pero la iba a preocupar y prefería decírselo cuando ya volviera a casa. Sus padres estaban de viaje a Mallorca y tampoco quería que se preocupasen y que no disfrutaran de su estancia. Jon le dio el teléfono de Karlos, necesitaría que alguien le acompañase a su casa cuando le dieran todos los resultados médicos. La enfermera lo apuntó y le dejó solo.

Tenía ganas de marcharse ya de allí. Quería llegar a casa y meterse en la cama, no le dolía nada pero sentía mucho agotamiento. Cerró los ojos y vio la imagen nítida de Ane. Sólo podía verla en su imaginación y en sus sueños. Apretó la sábana con un puño. “Te está de puta madre” dijo en voz baja.
Recordaba el contacto físico en el sueño, su cara, sus manos, sus labios besando los suyos. “Había sido perfecto, tan perfecto que no era real” se dijo con tristeza. Recordó lo que ella le había contado de cómo se había visto en la cama de un hospital, como si estuviera muerta y cuando dijo que alguien tiraba de ella, también aquel bip bip bip y a ella muy asustada. No quiso asumir que si Ane estaba en lo cierto, jamás la iba a volver a ver. Le pareció demasiado cruel aquella situación en la que se encontraba. La primera vez en su vida que se había enamorado y podía haberla perdido para siempre. Tenía que saberlo y eso sólo podía confirmarlo yendo de nuevo a la exposición de cuadros de Ane, para preguntarle a la recepcionista por ella e insistiría hasta que le diera una respuesta.

Con ese pensamiento en la cabeza se quedó medio dormido. Cuando se despertó, Karlos estaba sentado a su lado y sonriendo pero con un deje de preocupación en los ojos.

—Hombre, has venido —dijo Jon,
—Eres un corta rollos, me has acojonado colega, ¿qué tal te encuentras?
—Bien, cansado pero creo que bien. Me han hecho varios exámenes y todo bien, estoy a la espera de lo que haya salido en una resonancia y espero poder dormir en casa esta noche.
—Bueno, entonces, a esperar.
—¿Te he jodido algún plan? ¿Con la pelirroja? Se llama Enara, ¿no?
—Tranquilo, nada que no se pueda arreglar. Ella ya está al tanto, le he llamado para contárselo.
—Veo que sigues interesado en ella, te has enamorado, capullo.
—Si, lo reconozco, aunque te rías de mí...
—Karlos, a mí me parece que eso está genial, espero que te vaya muy bien con ella.

Karlos miró a Jon y se rió.

—Creo que al final el golpe te ha afectado un poco, ¿desde cuándo me felicitas por quedar con una tía varias veces?
—Desde hoy, ojalá yo tuviera la suerte que has tenido tú...
—No será por ofrecimientos, yo sé más de una que daría lo que fuera por quedar de nuevo contigo.

De repente, se acordó de que había quedado en la noche de Reyes, con Nerea, la profesora del colegio. En cuanto tuviera ocasión tenía que anular aquella cita.

—¿En qué piensas, tío? Te has quedado como obnubilado, ¿estás bien?
—No, nada, sólo que he recordado algo que he de hacer sin dilación.
—Si puedo ayudarte, dime.
—No te preocupes.

En esos momentos, apareció el doctor que le había atendido nada más llegar al hospital y le comunicó que la resonancia había dado un diagnóstico normal, así que podía vestirse y marcharse a casa.

—No obstante, cualquier síntoma como mareo, pérdida de consciencia o cefaleas intensas, consúltelo, no lo deje pasar.

Cuando llegaron a su casa, Karlos insistió en quedarse a dormir por si le necesitaba. Jon le convenció de que se encontraba bien y le prometió que a cualquier emergencia le avisaba, que se quedara tranquilo. Una vez que su amigo se marchó, cogió el teléfono para mandar el mensaje a Nerea. No tardó en llegar la contestación: “Lástima, teníamos una gran noche por delante.”




Jon se sentó en el sofá releyendo el pequeño texto. Suspiró y se frotó los ojos, estaba cerrando la puerta a una buena posibilidad de un encuentro sexual y, con sorpresa, se sentía satisfecho, bien consigo mismo y a la vez reafirmando que lo que sentía por Ane era auténtico. No quería estar con otra que no fuera ella y se negaba a admitir que quizá había desaparecido para siempre. Tenía que confirmarlo y ya estaba decidido a ir al día siguiente a la exposición a comprobarlo. Se hizo el juramento que si estaba viva la encontraría y le contaría todo, aunque le tomase por un completo lunático.

Continuará...



Si no puedes esperar a la siguiente entrega, dispones de la historia completa a la venta en la plataforma Kindle: REENCUENTRO (España) y REENCUENTRO (U.S.A)